sábado, 9 de octubre de 2010

LA FORMA DEL BIEN


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REPORTE DE PRÁCTICA
UNIVERSIDAD DEL DESARROLLO PROFESIONAL
LIC. EN EDUCACIÓN
TEORIAS DE LA EDUCACIÓN
LA FORMA DEL BIEN
CARLOS MANUEL MARTÍNEZ ALVAREZ
BIBLIOGRAFÍA: TEORIAS DE LA EDUCACIÓN, FERMOSO ESTEBANEZ, PASIANAO
TRILLAS. MEXICO

                           CARLOS MANUEL MARTINEZ ALVAREZ
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                                           FIRMA                                             21/SEP/2010

LA FORMA DEL BIEN
L a definición del bien es fundamental en la argumentación, lo que platón realiza por su teoría de las formas que te presenta en una prolija metáfora. En el mundo físico, según explica, el ojo puede ver objetos por que están iluminados por el sol, que es una fuente de luz; de igual manera, en el mundo inteligible, el ojo de mente puede “ver” los objetos inteligibles por que están iluminados por la forma del bien, que es la fuente de la luz intelectual. El reino visible se puede subdividir en dos otras partes, que es la clase de las imágenes y la de los objetos. Estos, como son fenoménicos, y por lo tanto están sujetos a cambio, solo nos pueden proporcionar opiniones y creencias; se sigue que el estado, por lo mismo, ha de ser gobernado por tales personas, y como estas contienen en el mismo la justicia, aceptaran se obligación de dar al estado el beneficio de su prudencia, de las cosas bellas o buenas decimos que son objeto de los sentidos y del espíritu; de las ideas de lo bello y de lo bueno, que son objeto del espíritu y no de los sentidos.
El sentido de la vista lleva, pues, una gran ventaja a los demás: la de estar unido al objeto por vinculo de mucho mayor valor, a menos que se diga que la luz es cosa desdeñable; ¿no es el sol de donde toma la facultad que posee para ver?, ¿facultad que fluye del sol, por así decirlo, hasta él?, si, el sol que no es la vista pero que es su principio es percibido por ella en efecto.
Ya sabes que cuando volvemos los ojos a objetos que no están iluminados por el sol, sino por los astros nocturnos, cuenta trabajo distinguirlos,  está uno casi ciego, y la vista no es clara, pero que, cuando miramos los objetos iluminados por el sol, entonces los vemos distintamente, y la vista está muy clara, los mismo ocurre respecto al alma, cuando esta fijas sus miradas en objetos iluminados por la verdad y por el ser, los ve claramente, los conoce y muestra estar dotada de inteligencia; mas cuando vuelve su mirada a los que está mezclado con tinieblas, a lo que nace y parece turbarse su vista, se obscurece y solo tiene opiniones que cambian a cada paso, que lo que parece por los objetos de las ciencias de la luz de la verdad, lo que confiere el alma de la facultad de conocer, es la idea del bien, y que esa misma idea es el principio de la ciencia y de la verdad, en cuanto por hermosas que sean la ciencia y la verdad puedes asegurar sin temor a equivocarte que la idea la ventaja la belleza. Y así como el mudo visible hay razón para pensar que la luz y la vista tienen analogía con el sol. Su belleza debe estar por encima de toda expresión, puesto que es la fuente de la ciencia y de la verdad y aun más hermosa que ellas.
El sol hace visible las cosas que son visibles, sino que además les da nacimiento, crecimiento y nutrición, puedes decir que los seres inteligibles no solo reciben del bien su inteligibilidad, sino, además su ser y su esencia. El bien y el sol son dos reyes, el uno del mundo inteligible y el otro del mundo visible. Por ejemplo, una línea cortada en dos partes iguales, vuelve a cortar cada parte, es decir, el mundo visible y el mundo inteligible; tendrás por un lado la parte clara, por el otro la parte oscura de cada uno de ellos. Una de las secciones de la especie visible te dará las imágenes; entiendo por imágenes, primeramente, las sombras; luego los fantasmas representados en las aguas y en la superficie de los cuerpos opacos, bruñidos y brillantes. La otra sección te dara los objetos que esas imágenes representan; quiero decir: los animales, las plantas y todas las obras de la naturaleza y del arte.
Hay que dividir el mundo inteligible en dos partes de manera que una de ellas comprenda figuras visibles cosas inteligibles que obliguen al alma a proceder en sus investigaciones partiendo de ciertas hipótesis, no para remontarse a un principio, sino para defender hasta las conclusiones más remotas, y que la otra parte nos presente las ideas más puras, por medio de las cuales el alma sin ayuda de ninguna imagen, partiendo de una hipótesis, se remote en virtud del razonamiento. Las cosas Inteligibles, son aquellas que el alma capta inmediatamente por vía de razonamiento, haciendo algunas hipótesis que considera como principios, sino como simples suposiciones, los seres puramente inteligibles por medio de la dialéctica es más claro que el que se adquiere por medio de las artes, a que ciertas hipótesis sirven de principios, estas artes están obligadas a servirse del razonamiento, y no de los sentidos.
Aplica ahora esas clases de objetos sensibles e inteligibles en cuatro diferentes operaciones del alma, a saber: que sea la pura inteligencia, el conocimiento razonado, la fe, y la conjetura. Ahora imaginemos un antro subterráneo que tiene a todo lo largo una abertura que deja libre a la luz del paso, y en ese antro, unos hombres encadenados desde su infancia, de suerte que pueden cambiar de lugar de de cambiar de lugar ni volver su cabeza, por causa de las cadenas que les sujeten a las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tengan delante. A su espalda, a cierta distancia y a cierta altura, hay fuego cuyo cierto fulgor les alumbra, y entre ese fuego y los cautivos se allá un camino escarpado. A lo largo de ese camino, imagina un muro semejante a esas vallas que los charlatanes ponen entre ellos y los espectadores, para ocultar estos, el juego y los secretos trucos de las maravillas que le muestran. Lo que naturalmente habrá de sucederles, si son liberados oblíguesele inmediatamente a levantarse, a volver la cabeza, a caminar y a mirar hacia la luz; nada de eso sin infinito trabajo; la luz le abrazara los ojos, y el deslumbramiento que le produzca le impidiera distinguir los objetos cuyas sombras veía antes, si se le muestran luego las cosas a medida que vayan presentándose, y se le obliga en fuerza de preguntas a decir que es cada una de ellas no sabría responder, lo que mejor distinguiría seria, primero, las sombras; luego las imágenes de los hombres y de los demás objetos pintadas en la superficie de las aguas, finalmente los objetos mismos.
Finalmente se hallaría en condiciones, no solo de ver la imagen del sol en las aguas y en todo aquello q se refleja, sino de fijar en la mirada, de contemplar el verdadero sol en verdadero lugar. Si llegase a recordar su primer morada, la idea que en ella se tiene la sabiduría, y no tendrá compasión de la desdicha de aquellos , no dudo que estaría dispuesto a soportar todos los males del mundo, mejor que vivir de la suerte, si de nuevo tomase a su prisión, para volver a ocupar en ella su antiguo puesto se encontraría como enceguecido en el súbito transito de la luz del día a la oscuridad.
Pues esa es precisamente la imagen de la condición humana. El antro subterráneo en ese mundo visible; el fuego que lo ilumina, la luz del sol; el cautivo que sube a la región superior y la contempla, es el alma que se eleva hasta la esfera inteligible. En los últimos limites del mundo  inteligible esta la idea del bien, que se percibe con trabajo, pero que no puede ser percibida sin concluir que ella es la causa primera  de cuánto hay de bueno y de bello en el universo. Es de extrañar que un hombre, al pasar de esa divina contemplación a la de los miserables objetos que nos ocupan, se turbe y parezca ridículo cuando, antes de haberse familiarizado con las tinieblas que lo rodean.
Un hombre sensato se hará la reflexión de que la vista puede ser turbada de dos maneras y por dos causas opuestas; por el paso de la luz a la oscuridad, o por el de la oscuridad a la luz, y aplicando a los ojos del alma que acontece a los del cuerpo, en el segundo caso la felicitara por su perplejidad; en el primero, compadecerá su suerte. Ahora bien si todo esto es cierto, fuerza es concluir de ello que la ciencia no enseña en la forma en que cierta gente pretende. Sobre poco más o menos, ocurre a las demás cualidades del alma lo que las del cuerpo, cuando no han sido dadas por la naturaleza, se adquieren mediante la educación y el cultivo. Su vista no es débil ni se halla turbada, sino que, como la obligan a que sirva de instrumento a su malicia, son tanto mas perjudiciales cuanto más sutiles y derivantes.
A nosotros que fundamos una república, nos incumbe obligar a los naturales excelentes a que se apliquen a la más sublime de todas las ciencia, por lo demás observa que no seremos culpables de injusticia para con los filósofos que se hayan formado entre nosotros, y que tendremos buenas razones que alegarles para obligarlos a encargarse de la guardia y conducta de los demás, pero vosotros nos hemos formado en interés del estado tanto como en el propio vuestro, para que sea así nuestra república como ocurre en la de las abejas nuestros jefes y nuestros reyes. Todos y cada uno de vosotros a la morada común; avezad vuestros ojos a las tinieblas que en ella reinan, cuando os hayáis familiarizado con ellas jugareis infinitamente mejor que los demás de las cosas que allí se ven.
ANALISIS
Bueno en esta lectura entendí que la forma del bien es todo aquello que nosotros podemos ver los objetos que están iluminados por el sol y que a estos se les llaman el mundo de lo inteligible, y que en otras palabras seria que el ojo de la mente puede ver las cosas inteligibles gracias a que están iluminados por la forma del bien.   

                               CARLOS MANUEL MARTÍNEZ ALVAREZ
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